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sábado, 3 de enero de 2015

Échale una pizca de autoestima y estará delicioso

Tres son los ingredientes para una autoestima sana: soñar, proyectarse y ser cada día un poco mejores. Las limitaciones sólo están en tu mente, tu valía no está en función de la aprobación de otros, ni de las miradas ajenas. Consigues lo que sabes que deseas conseguir y trabajas para ello.
Una autoestima sana no busca el reconocimiento ni la fama, no se mueve por conveniencias, sino estar enfocados hacia una aprobación y satisfacción personal; y si lo demás llega, bienvenido sea, pero estaremos libres de la adulación y de aquellos que la ejercen.
Gustamos a quienes gustamos cuando somos como somos, no debemos de disfrazarnos de lo que no somos, pues entonces ni seremos ni gustaremos a los adecuados.
Nadie debe ser comparado, pues como dijo Albert Einstein “Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para escalar un árbol, creerá toda su vida que es un estúpido".
Para qué competir con nadie, no tienes que demostrarle nada a nadie, supera sólo tus propios logros y tus límites.
No está obligado a tener el cuerpo de los modelos de turno para ser aceptado, sólo trabaja para poder gozar de una buena salud física y mental.
              ¡Sé la mejor versión de ti mismo!
Bibliografía de apoyo: Hernández, Meritxell. Envidia bien y no mires de quién.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿Envidia?


¿Qué es la envidia? ¿Por qué está tan mal considerada?
La envidia no es más que una emoción, un sentimiento... Se experimenta cuando queremos lo que otros poseen. Pero no tiene por qué ser siempre un rasgo malo, a veces puede ayudar a que aflore nuestro sentimiento de superación, pero otras veces, nos puede destruir, hacernos infelices aunque tengamos todos los medios para la felicidad.
¿Quién no ha sentido envidia alguna vez? Es algo natural, siempre y cuando no te hagas daño, y sobre todo, no se lo hagas a otros.
Siéntela, pero luego recuerda quien eres y deséchala, seguro que tienes algo que alivie ese pesar.
Que paséis unas muy buenas fiestas, y recordad, nunca olvidéis quiénes sois, ni quién os quiere, pues ahí tenemos un motivo para levantarnos cada mañana con una sonrisa. Mírate al espejo eres únic@, por eso, cómete el mundo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Tormenta entre tormentas


En noches de tormenta mis pesadillas acechan a las musarañas de mi mente, que sin premura, muestran las entrañas más recónditas que habitan en mí ser. Tormentas, sí, el mundo muestra su lado amargo, como la humanidad, que caminan por la vida sin pararse a pensar que no son más que un barullo de gente, son uno más, uno entre una inmensa multitud. Cuando pienso en esto, no puedo impedir que mi mente recree la imagen de un niño que juega con un puñado de hormigas, ajenas a la fatalidad que sin remordimiento alguno les condenará. Dicho niño no distingue, no selecciona, aplasta a placer a las que por azar o destino se cruzan ante esos ojos que predeterminamos como inocentes y puros.



¿Quién determina lo bueno y lo malo, lo cutre y lo extraordinario? ¿Quién? ¿Los mismos que se matan entre ellos? ¿O quizás los que sin ser nada ostentan serlo todo?



Me declaro culpable. Yo mismo creí ser el protagonista de mi propia obra. Devuelto a la realidad vi que simplemente soy una errata, pero como toda errata me dispongo a ser corregida. Porque subir no es malo, siempre y cuando se respeten los tempos que marcan el ritmo de subida, sin olvidarnos nunca de la fragilidad de cada escalón, pues si uno se rompe subo dos. Nadamos en un mar repleto de peces semejantes, ahí está la palabra, semejantes, pero nunca iguales. 

¡Sube! pero que la meta no te impida divisar el punto donde volverás a comenzar.