miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿Envidia?


¿Qué es la envidia? ¿Por qué está tan mal considerada?
La envidia no es más que una emoción, un sentimiento... Se experimenta cuando queremos lo que otros poseen. Pero no tiene por qué ser siempre un rasgo malo, a veces puede ayudar a que aflore nuestro sentimiento de superación, pero otras veces, nos puede destruir, hacernos infelices aunque tengamos todos los medios para la felicidad.
¿Quién no ha sentido envidia alguna vez? Es algo natural, siempre y cuando no te hagas daño, y sobre todo, no se lo hagas a otros.
Siéntela, pero luego recuerda quien eres y deséchala, seguro que tienes algo que alivie ese pesar.
Que paséis unas muy buenas fiestas, y recordad, nunca olvidéis quiénes sois, ni quién os quiere, pues ahí tenemos un motivo para levantarnos cada mañana con una sonrisa. Mírate al espejo eres únic@, por eso, cómete el mundo.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Quizás.

Quizás, solo quizás necesito mirar hacia el cielo para así sentir los pies en el suelo,
quizás, solo quizás debería mirar el lado izquierdo para conocer realmente el lado derecho,
quizás, solo quizás necesite saber y conocer todo lo que no soy para hacerme una idea de quién soy
y quizás tenga que salir de casa y viajar el mundo entero, de la cabeza a la cola del mismo, para saber donde realmente se encuentra mi hogar

Aunque quizás no sea necesario nada de esto,
quizás no es necesario conocer lo que no queremos para saber lo que buscamos
quizás no es necesario conocer otros lugares para saber de donde somos
quizás no es necesario saber lo que no tenemos y lo que no somos para saber quienes somos.


Pero eso sí quizás, solo quizás, deberíamos perseguir lo que queremos y ser como realmente somos para finalmente continuar el camino de nuestra vida siendo nosotros mismos.



jueves, 27 de noviembre de 2014

Cuando la inspiración inspira

Es curioso, pero hoy estoy inspirado para hablar sobre inspiración, puede que parezca una paradoja pero es así, adoro esa sensación cuando de repente estás aburrido o sin hacer realmente nada, o pensando, simplemente pensando, cuando de repente una especie de luz, una energía procedente de lo más profundo de tu ser te dice "lo tengo", y de repente el aburrimiento se va o aquello que estés o no estés haciendo pasa a un segundo plano. Porque ahora, lo realmente importante es plasmar eso que tienes en la mente, y aunque cada uno lo hace a su manera, todos aquellos que lo hemos sentido sabemos de qué hablo, y es verdaderamente una pena cuando se va sin obtener respuesta.

Hay una sensación verdaderamente especial cuando una creación propia es producto de una verdadera inspiración, quizás la inspiración iba inicialmente dirigida a eso o quizás solo era una inspiración general, pero cuando está presente, se hace notar.


Y lo mejor es cuando esa inspiración llega a otros, quizás les entretiene lo que hiciste, quizá les transmitió una sensación o mejor aún, además de eso fuiste capaz de inspirar a otra persona haciendo de tu inspiración una cadena y siendo la llama que enciende la obra producto de la inspiración de otra persona.

Así es como nos conectamos unos a otros: tras una experiencia una persona se inspira y de repente crea un vídeo, otra persona lo ve y decide escribir algo producto de la motivación que el mismo le transmite, otro escribe una canción quizás para mostrar su felicidad o en contraste porque tiene que soltar algo que lleva dentro. Pero al fin y al cabo nos conectamos y nos transmitimos unos a otros, y es maravilloso que la cadena de inspiración e incluso en parte de sentimientos, consigue llegar a transformarse en algo bello, ya sea de una forma u otra acaba produciendo esa salsa que le da un sabor especial a la vida... acaba produciendo Arte.

Dilema de los dioses o dilema del salto de fe.

Dilema de los dioses o dilema del salto de fe.

   ¿Ha reflexionado alguna vez entorno a la fe? todos tenemos momentos de nuestra vida en los que  depositamos nuestra confianza en personas a las cuales consideramos dignas de fiar, discriminamos a la hora de tener fe en una u otra persona, o en una u otra cuestión, y es que incluso en asuntos como la fe no podemos dejar de lado el valor de la evidencia, pues es ésta la que nos hace tener un criterio más sólido y acertado a la hora de depositar nuestra confianza en una cosa y no en la otra.

   Pero, ¿qué ocurre cuando no existe evidencia sólida que respalde una determinada cuestión? ¿qué criterio tomaría entonces para confiar en una cosa y no en la otra? Imagínese que un día se viese asediado por una  serie de voces que sólo usted pudiese escuchar, entonces todas y cada una de ellas le expondrían un mismo  discurso: "Crea en mí, soy el dios único, la única Verdad, quien me sigue obtiene la salvación, quien me rechaza cae en la oscuridad y el infortunio". Cada una de las voces le asegura además tener un libro perfecto en el que se dicta todo aquello que es bueno y todo aquello que es malo, al tiempo que prescriben cosas diferentes y contrarias en cada uno de los libros : una voz le dice que comer cordero es malo, la otra que comer cerdo es malo; una voz le dice que es pecado vestirse de rojo, otra prohíbe vestirse sin taparse el rostro; una voz le dice que se le deben sacrificar sólo animales, la otra que se le deben sacrificar animales y personas; una voz le dice que se una a cierto grupo, la otra le dice que se una a otro grupo contrario; una voz le dice que guarde descanso sagrado el sábado, la otra le dice que lo haga el domingo; una voz le dice que rece mirando en dirección al este, la otra dice que rece mirando al  cielo,...y sin embargo cada uno de esos libros "perfectos" resultan ser extremadamente antiguos y están plagados de numerosos errores, y no tiene ninguna razón para seguir esos dictados salvo que quiera aceptar la autoridad de esas voces por mera confianza ciega. ¿Cuál sería su decisión? ¿daría el "salto de fe" con algunas de estas voces para "luego más tarde" ver las pruebas, o rechazaría a todas las voces? no tiene ningún modo de saber si las voces son un mero delirio o si por el contrario existen realmente, pero incluso en el caso de que realmente existieran, ¿qué criterio tendría para saber si ellas son lo que dicen ser? estos dioses dicen ser  invisibles, muy poderosos y muy bondadosos, pero, ¿no cree que un ser muy poderoso e invisible tendría  muchos recursos a su favor para engañarle si quisiera? ¿cómo confiar en un ser así? si eligiese dar un salto de fe con un determinado dios tal vez pudiera "salvarse" de forma milagrosa tal como le dicen, pero también pudiera ser que sólo  consiguiera sacrificar toda una vida dedicada al absurdo, tan sólo para terminar descubriendo que todo era un burdo engaño.

   Todas esas voces son los dioses de las diversas religiones existentes, ¿creer o no
creer? sólo en su mente queda la elección.

Res, non verba.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La pitanza

Paraba su acción jadeante y regresaba con hastío. La boca ensagrentada y el masticar dificultoso, le daban a toda la escena una imagen siniestra. Silbaba el aire a modo de pitido, mientras salía de los pedazos de carne que bailaban en su boca.

Seguramente pensó que no sería tan complejo y mucho menos tan cansado. Tenía la mandibula dolorida por los fuertes mordiscos, soltó un grito de rabia y hundió la cabeza en el cuerpo, desgarrando la carne con sus colmillos y triturandola con sus muelas hasta hacerla una bola sanguinolenta y semiblanda. Lo hacía cada vez más y más rápido, y pronto se transformó en una orgía furiosa de visceras y rabia. Tragaba los jirones de carne casi sin masticación previa, hasta que vomitó entre arcadas.

Tras esto continuó nervioso con su misión, tragando otra vez los trozos de carne vomitados e ingiriendo otros nuevos. Hundía los dedos y sus manos en el cuerpo caliente y pegajoso, llevándose luego las manos a la boca, parando y suspirando de placer. Sus canillas temblorosas se notaron calientes. La orina bajaba entre sus rodillas mientras el gusto inundaba su cuerpo.

Prosiguió ahondando las manos en el cadáver hasta el antebrazo, palpando entre las blanduras tocó material duro, supuso costillas, y sacó con dificultad desde el abdomen lo que al principió pareció una enorme pompa de carne roja oscura y tras ella una cantidad desmesurada de sangre pringosa. Olía extraño. Un bocado más con el órgano todavía en las manos y luego lo dejó caer encima del cuerpo.

A continuación el hombrecillo se enderezó y una sonrisa macabra y de dientes blancos que contranstaban con el rojo del líquido vital, se dibujó en su rostro. Entornó los ojos, y se colocó muy recto, todavía sentado pero con los brazos en jarra apoyado en el mueble de la cocina. Estaba exhausto, pero pletórico. El pequeño hombrecillo insignificante, con gafas pequeñas y redondas, calvicie incipiente y algo tirillas no tenía nada que ver a como se sentía ahora. Un rey, un dios.

La puerta de la casa se abrió y el resonar de los tacones llegó hasta la cocina.
-Dios mio-. Dijo una mujer alta, rubia e impecablemente vestida de ejecutiva agresiva. -¿Qué has hecho?, ¡Dios jamás te perdonará esto!-. Continuó enfadada. - No puedes.. ¿qué?, ¿qué has hecho?.

La despampanante mujer siguió más en tono de reproche que de horror, que era el que correspondía ante tal horripilante escena. El antropófago continuaba embelesado junto al cadáver. Mientras, el tono del monólogo de la mujer seguía subiendo, caminando ella  de aquí para allá en el salón, hasta que paró y miró con sus ojos azules directa al hombrecillo, que en cuanto ésta lo fulminó con la mirada volvió a pasar a su estado de mindundi habitual abandonando por completo su rol de rey sagrado. Se acercó la mujer lentamente y soltó.-Eres un inutil, un desperdicio y arderás en el infierno junto a papá, ¿eso es lo que quieres?. Al caníbal se le tornaron los ojos en lágrimas como a un niño, al ver esto la mujer se apoyó en una silla cercana al cuerpo, suspiró cansada y dijo.-Por lo menos no te habrá visto nadie, ¿no?.-

martes, 25 de noviembre de 2014

              Nervioso, daba vueltas alrededor de la mesa, frotándose la cara y rascándose todo el cuerpo compulsivamente.

-Esto. Esto es lo que obtienes, ¿sabes? No ha sido más que tu maldita culpa, tus malditas ganas de hacerlo todo mal. Y mira que te avisé, ¿eh? Que estaba viendo las noticias. Vengo cansado, pero tú me tienes que dar la puta vara. Pues ya está, al final colmaste el vaso.

Fue hacia la cocina y con un trapo se limpió las manos. Lo metió en la lavadora y la intentó encender. Pero no supo.

-¡Joder! Y ahora no se ni poner esta mierda porque nunca me enseñaste. 

Al fin consiguió hacerla funcionar. Con un suspiro, volvió al salón y se paró frente al sofá. Mirando el cuerpo en silencio. No parecía real. Tampoco parecía que fuera su culpa, ni que él la hubiera matado.
De nuevo con un suspiro, se frotó los ojos y se sentó en la silla, frente a la televisión, aun encendida. 

-Joder, y siempre con la puta sonrisa esa, pues no soy tonto. Sé que es falsa. Esa mirada que siempre me echas no me gusta. Y te lo digo pero te da igual. ¿Es que acaso hablo para las putas paredes? Parece que no aprendes, ostia.
 "Bueno –rió-, y no digamos todas las otras tantas que te digo que ¡no se me molesta cuando veo la puta tele! –Se levantó de la silla, acercando la cara hacia un rostro inexpresivo. Se calmó al cabo de unos segundos, volviéndose a sentar-. Mira que llevo años diciéndolo, pero no, a ti te da igual. Como todo. Y joder, al final te llevas la ostia.

De fondo, escuchó unas sirenas de policía. No se dio cuenta de que cada vez se escuchaban más fuertes, ni que llamaron al timbre repetidas veces hasta pasados unos minutos.
Se levantó tranquilamente, se acercó a la puerta  y preguntó quién era.

-Policía. Abra la puerta. 

-¡Échenla abajo por Dios! ¡Escuché los gritos hace rato, échenla abajo!

-Joder, ya está metiendo las putas narices la pesada de abajo –pensó para sí.

No supo por qué, pero acabó abriendo la puerta lentamente. Los siguientes minutos no supo nunca decidir si pasaron realmente tan deprisa o es que él lo vivió así. Cuatro policías entraron en la casa corriendo. Le arrestaron, la vecina lloraba mientras le insultaba e intentaba pegarle sin éxito. Rastrearon la casa, examinaron el cuerpo de su mujer, llamaron a más agentes… Lo bajaron a la calle donde todos los vecinos pudieron ver cómo le metían en el coche y se lo llevaban.
Quizás alguna vez se pudiera dar cuenta de por qué tanto escándalo. ¿Nadie podía ver que había sido ella quien le había obligado a hacerlo?

lunes, 24 de noviembre de 2014

Tormenta entre tormentas


En noches de tormenta mis pesadillas acechan a las musarañas de mi mente, que sin premura, muestran las entrañas más recónditas que habitan en mí ser. Tormentas, sí, el mundo muestra su lado amargo, como la humanidad, que caminan por la vida sin pararse a pensar que no son más que un barullo de gente, son uno más, uno entre una inmensa multitud. Cuando pienso en esto, no puedo impedir que mi mente recree la imagen de un niño que juega con un puñado de hormigas, ajenas a la fatalidad que sin remordimiento alguno les condenará. Dicho niño no distingue, no selecciona, aplasta a placer a las que por azar o destino se cruzan ante esos ojos que predeterminamos como inocentes y puros.



¿Quién determina lo bueno y lo malo, lo cutre y lo extraordinario? ¿Quién? ¿Los mismos que se matan entre ellos? ¿O quizás los que sin ser nada ostentan serlo todo?



Me declaro culpable. Yo mismo creí ser el protagonista de mi propia obra. Devuelto a la realidad vi que simplemente soy una errata, pero como toda errata me dispongo a ser corregida. Porque subir no es malo, siempre y cuando se respeten los tempos que marcan el ritmo de subida, sin olvidarnos nunca de la fragilidad de cada escalón, pues si uno se rompe subo dos. Nadamos en un mar repleto de peces semejantes, ahí está la palabra, semejantes, pero nunca iguales. 

¡Sube! pero que la meta no te impida divisar el punto donde volverás a comenzar.